Gestión del estrés

Descubre cómo prevenir y controlar las enfermedades psicosomáticas

Las enfermedades psicosomáticas más comunes son dolor de cabeza, jaquecas, problemas digestivos, dolores de espalda, taquicardia, hipertensión e insomnio, entre otros.

¿Por qué será tan importante que aprendas a controlar la mente?

Aunque en la sociedad a menudo se usan las terminologías “mente” y “cerebro” de una manera intercambiable, son cosas fundamentalmente diferentes. Si usamos la analogía de un ordenador o un robot, la mente sería el “software” y el cuerpo sería el “hardware”. El cerebro como un elemento físico, está en una única dimensión en la escala espacio-tiempo. Es decir, si estamos en un sitio no podemos estar en otro sitio al mismo tiempo. Sin embargo, la mente tiene un grado adicional de libertad, y puede viajar en el espacio y tiempo, y revivir experiencias agradables o desagradables, generando estímulos positivos o negativos a nivel fisiológico. Esta libertad puede ser muy beneficiosa para tu salud, si aprendes a canalizarla adecuadamente.

Y tú…. ¿estás aplicando bien el poder de tu mente?

Una mente no controlada, no te dejará vivir y disfrutar el presente: Viaja al pasado y revive experiencias desagradables, generando sentimientos de culpabilidad, pena y sufrimiento, o imagina las peores posibilidades de un futuro inseguro y genera depresiones y estrés.
La actitud de la mente, que envía estímulos negativos a nivel fisiológico, prepara el escenario para el surgimiento de las enfermedades psicosomáticas.

Las hormonas del estrés

Las principales hormonas  de estrés son la adrenalina y el cortisol.
El estrés activa nuestro instinto de supervivencia. Es una reacción de supervivencia en situaciones de peligro (fight-flight response). Aunque en nuestra vida moderna ya no hay peligros que nos obligan a luchar o escapar,  mantenemos ese instinto, que es activado dependiendo de nuestra actitud, hacia sucesos de nuestro entorno. A veces son situaciones de peligro de verdad (por ejemplo, esquivar a un coche que se dirige hacia nosotros) y otros veces son situaciones interpretadas subjetivamente como peligrosas, de nuestra vida familiar, laboral o social.

La adrenalina se encarga de darnos ese impulso rápido que necesitamos. En cuestión de instantes, nuestra energía sube enormemente para ayudarnos a escapar del peligro:

  • Aumenta la frecuencia respiratoria para oxigenar mejor la sangre.
  • Aumenta la frecuencia cardíaca para que los músculos respondan más rápidamente.
  • Evita los coágulos.
  • La sangre circula más rápidamente para irrigar mejor los órganos vitales, pero menos a la zona periférica.
  • Aleja la sangre del aparato digestivo (ahorra energía de digestión) y, si hay comida sin digerir, se producen vómitos o dolor de estómago.
  • Opresión en el pecho y/o palpitaciones.
  • Sudor frío.

El exceso de adrenalina en una persona con estrés crónico produce efectos perjudiciales a largo plazo, tales como:

  • Cansancio (o incluso extenuación).
  • Dolor de espalda.
  • Úlceras del estómago y duodeno.
  • Falta de concentración.
  • Problemas de memoria.
  • Ira y agresividad.
  • Problemas de sueño.

El cortisol, en cambio, moviliza las reservas de energía. Hace que la glucosa y los aminoácidos se desprendan de los tejidos y se dirijan al torrente sanguíneo para aumentar la actividad cerebral y la concentración.

Por un lado, la concentración y la atención ayudan a la rápida toma de decisiones; por el otro, la conducta de una persona puede ser agresiva bajo los efectos del cortisol, y estar constantemente en esta condición puede provocar estrés crónico.

El aumento de los niveles de cortisol puede provocar la destrucción de los tejidos: éstos se descomponen por la necesidad del organismo de consumir la glucosa y aminoácidos.

La presión arterial sistólica incrementa el envío de grandes cantidades de glucosa al cerebro, lo cual es un efecto del cortisol y, a su vez, provoca una ráfaga de energía y una especie de “shock de adrenalina”. Mientras un aumento momentáneo en los niveles de cortisol provoca la destrucción de los tejidos, mantenerlos crónicamente elevados en la sangre, causado por el estrés crónico, causa alta irritabilidad y cambios relacionados con la alteración del metabolismo. Algunos expertos opinan que los niveles altos de cortisol alteran el metabolismo y causan la acumulación de grasa en el abdomen en hombres, y en las caderas en mujeres. Además, el nivel crónicamente alto de cortisol puede resultar en:

  • Debilitamiento del sistema inmunitario y aumento de enfermedades infecciosas.
  • Aumento de las alergias.
  • Empeoramiento de enfermedades obstructivas pulmonares como asma y EPOC.
  • Sentimientos de fracaso, ansiedad y depresión.

 

Si aprendemos a gestionar el estado de nuestra mente, no activaremos estas respuestas dañinas de estrés,  y así podemos vivir una vida saludable.

Las enfermedades psicosomáticas más comunes son dolor de cabeza, jaquecas, problemas digestivos, dolores de espalda, taquicardia, hipertensión e insomnio, entre otros.

¿Por qué será tan importante que aprendas a controlar la mente?

Aunque en la sociedad a menudo se usan las terminologías “mente” y “cerebro” de una manera intercambiable, son cosas fundamentalmente diferentes. Si usamos la analogía de un ordenador o un robot, la mente sería el “software” y el cuerpo sería el “hardware”. El cerebro como un elemento físico, está en una única dimensión en la escala espacio-tiempo. Es decir, si estamos en un sitio no podemos estar en otro sitio al mismo tiempo. Sin embargo, la mente tiene un grado adicional de libertad, y puede viajar en el espacio y tiempo, y revivir experiencias agradables o desagradables, generando estímulos positivos o negativos a nivel fisiológico. Esta libertad puede ser muy beneficiosa para tu salud, si aprendes a canalizarla adecuadamente.

Y tú…. ¿estás aplicando bien el poder de tu mente?

Una mente no controlada, no te dejará vivir y disfrutar el presente: Viaja al pasado y revive experiencias desagradables, generando sentimientos de culpabilidad, pena y sufrimiento, o imagina las peores posibilidades de un futuro inseguro y genera depresiones y estrés.
La actitud de la mente, que envía estímulos negativos a nivel fisiológico, prepara el escenario para el surgimiento de las enfermedades psicosomáticas.

Las hormonas del estrés

Las principales hormonas  de estrés son la adrenalina y el cortisol.
El estrés activa nuestro instinto de supervivencia. Es una reacción de supervivencia en situaciones de peligro (fight-flight response). Aunque en nuestra vida moderna ya no hay peligros que nos obligan a luchar o escapar,  mantenemos ese instinto, que es activado dependiendo de nuestra actitud, hacia sucesos de nuestro entorno. A veces son situaciones de peligro de verdad (por ejemplo, esquivar a un coche que se dirige hacia nosotros) y otros veces son situaciones interpretadas subjetivamente como peligrosas, de nuestra vida familiar, laboral o social.

La adrenalina se encarga de darnos ese impulso rápido que necesitamos. En cuestión de instantes, nuestra energía sube enormemente para ayudarnos a escapar del peligro:

  • Aumenta la frecuencia respiratoria para oxigenar mejor la sangre.
  • Aumenta la frecuencia cardíaca para que los músculos respondan más rápidamente.
  • Evita los coágulos.
  • La sangre circula más rápidamente para irrigar mejor los órganos vitales, pero menos a la zona periférica.
  • Aleja la sangre del aparato digestivo (ahorra energía de digestión) y, si hay comida sin digerir, se producen vómitos o dolor de estómago.
  • Opresión en el pecho y/o palpitaciones.
  • Sudor frío.

El exceso de adrenalina en una persona con estrés crónico produce efectos perjudiciales a largo plazo, tales como:

  • Cansancio (o incluso extenuación).
  • Dolor de espalda.
  • Úlceras del estómago y duodeno.
  • Falta de concentración.
  • Problemas de memoria.
  • Ira y agresividad.
  • Problemas de sueño.

El cortisol, en cambio, moviliza las reservas de energía. Hace que la glucosa y los aminoácidos se desprendan de los tejidos y se dirijan al torrente sanguíneo para aumentar la actividad cerebral y la concentración.

Por un lado, la concentración y la atención ayudan a la rápida toma de decisiones; por el otro, la conducta de una persona puede ser agresiva bajo los efectos del cortisol, y estar constantemente en esta condición puede provocar estrés crónico.

El aumento de los niveles de cortisol puede provocar la destrucción de los tejidos: éstos se descomponen por la necesidad del organismo de consumir la glucosa y aminoácidos.

La presión arterial sistólica incrementa el envío de grandes cantidades de glucosa al cerebro, lo cual es un efecto del cortisol y, a su vez, provoca una ráfaga de energía y una especie de “shock de adrenalina”. Mientras un aumento momentáneo en los niveles de cortisol provoca la destrucción de los tejidos, mantenerlos crónicamente elevados en la sangre, causado por el estrés crónico, causa alta irritabilidad y cambios relacionados con la alteración del metabolismo. Algunos expertos opinan que los niveles altos de cortisol alteran el metabolismo y causan la acumulación de grasa en el abdomen en hombres, y en las caderas en mujeres. Además, el nivel crónicamente alto de cortisol puede resultar en:

  • Debilitamiento del sistema inmunitario y aumento de enfermedades infecciosas.
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Si aprendemos a gestionar el estado de nuestra mente, no activaremos estas respuestas dañinas de estrés,  y así podemos vivir una vida saludable.

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